Capítulo 78. El precio de la estirpe
Victoria permanecía de pie en el gran salón de la villa, con la mirada perdida en la oscuridad del mar Egeo que se extendía más allá de los ventanales. El vaso de cristal en su mano contenía un licor ambarino que no lograba calmar el fuego de su indignación. Las palabras de Aslan, hace varios días, seguían martillando en su cabeza como una sentencia de muerte: “Esa niña es mi hija. Es una Burke de sangre y ley”.
—No bajo mi vigilancia —susurró Victoria para las sombras que danzaban en las esqui