Capítulo 62. Aguas Prematuras
Amara se quedó rígida en la cama, con la mirada perdida en las partículas de polvo que bailaban en el haz de luz que entraba por la ventana. Marco, que la observaba con una intensidad que empezaba a incomodarla, rompió el silencio con una pregunta que le heló la sangre.
—Amara... ese apellido —dijo él, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un susurro grave—. Tiene que ver con Burke, ¿verdad? El hombre del Puerto de Salónica.
Amara sintió que el aire se espesaba. No podía mentir del todo,