Capítulo 61. Cuna de gloria, vientre de silencio
La luz del amanecer en la clínica era gélida, una claridad blanquecina que se filtraba por las persianas y desnudaba la esterilidad de la habitación. Amara despertó no por un sonido, sino por una sensación.
Se incorporó lentamente, sintiendo el leve tirón del catéter en su mano. Marco seguía hundido en el sofá, con la mandíbula relajada y un hilo de voz rítmico que confirmaba su sueño profundo. El silencio de la habitación era absoluto, pero afuera, en el pasillo de cuidados obstétricos, el mun