Capítulo 25. El pulso de voluntades
—¡Aslan, por favor! —insistió Amara, moviéndose ligeramente en sus brazos mientras cruzaban el umbral del tocador—. Bájame ahora mismo. La gente va a empezar a murmurar... puedo caminar por mí misma.
Aslan no solo no aflojó el agarre, sino que la pegó más a su pecho, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Sus mandíbulas estaban tan apretadas que se le marcaba el músculo del rostro.
—No voy a bajarte —sentenció con una frialdad que quemaba—. Tienes que ver a un médico ahora. El niño pod