Capítulo 24. "Mi hijo... mi sangre"
Amara se apoya con fuerza en el borde del lavabo de mármol, buscando un punto de equilibrio mientras el frío de la piedra le cala en las palmas de las manos. Respira hondo, intentando que el aire calme la agitación de su pecho, pero entonces siente ese pinchazo agudo y punzante en la parte baja de su vientre.
No es solo una molestia por la tensión de la cena; es algo más físico, un aviso que la obliga a doblarse un poco sobre sí misma. Se mira en el espejo y nota que el color ha abandonado sus