Capítulo 26. Invitados Inesperados
Aslan cruzó el umbral del pasillo y regresó al salón principal. Aunque caminaba con su habitual elegancia, algo en él era distinto: sus mejillas conservaban un rastro de rubor que el aire acondicionado del lugar no lograba enfriar, y sus ojos brillaban con una intensidad salvaje.
Isabella lo interceptó antes de que pudiera llegar a la mesa. Lo escaneó de arriba abajo con esa mirada de águila que no dejaba pasar ni un detalle.
—Vaya, Aslan... ¿Dónde estabas, querido? Tienes un brillo en los ojo