Capítulo 150. La parálisis del titán

Cuando la puerta doble del vestíbulo se abrió de golpe, el llanto ya amortiguado del pequeño Alexander y el eco de los pasos apresurados rompieron la quietud como piedras arrojadas contra un espejo.

Alistair entró primero, con el rostro congestionado y la respiración rota. Detrás de él, Elías sostenía a Maya por la cintura, mientras ella intentaba calmar al bebé, cuyo llanto apagado hipaba contra su hombro. Cruzaron el pasillo de mármol y se adentraron en la gran sala de estar, donde la luz de
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