Capítulo 109. El calor de su piel
El aire en el departamento parecía haberse agotado. Amara, con los ojos inyectados en sangre y el corazón martilleando contra sus costillas, no esperó a que Aslan terminara de interrogarla. No le importaba la seguridad, ni el chofer misterioso, ni las dudas sobre la paternidad que hace un momento la estaban consumiendo. En su mente solo había una imagen: Keziah, su pequeña, ardiendo en fiebre en una cama de hospital mientras ella estaba atrapada en un vehículo desconocido.
Sin decir una palabra