Capítulo 110. Rojo pasión, blanco hospital.
El estruendo del motor fue lo único que rompió el silencio sepulcral del estacionamiento de la clínica. Aslan no miró hacia atrás. La imagen de Amara aferrada a la niña, ignorándolo como si él fuera un extraño, le quemaba la piel más que cualquier insulto.
Condujo sin un rumbo fijo durante varios minutos, apretando el volante hasta que los dedos le dolieron, sintiendo cómo el aire dentro del auto se volvía insuficiente para su furia. No podía volver a casa, no podía quedarse en el hospital vien