Punto de vista de Sun
Desperté sintiendo que me había embestido un tren de carga, lo primero que sentí fue una punzada ardiente que subía desde mi tobillo derecho hasta la cadera.
Traté de incorporarme, pero un quejido agudo escapó de mi garganta y me obligó a colocar la cabeza de vuelta sobre la almohada. Al intentar mover mi pierna derecha, descubrí con horror que pesaba una tonelada. Estaba atrapada en un bloque de yeso que se extendía casi hasta mi rodilla.
—No te muevas, Sun —la voz de Aid