Punto de vista de Sienna
Bajé el celular despacio, me temblaba todo el cuerpo, Teo se había reído antes de colgar, fue una risa asquerosa, llena de burla y superioridad.
Me quedé inmóvil, estaba acorralada en un callejón sin salida y el aire me faltaba.
—¿Qué te dijo? —Maya me agarró del brazo, obligándome a mirarla— Sienna, reacciona. ¿Qué carajos te dijo ese infeliz?
—Quiere tres millones de dólares —susurré, con la garganta cerrada— para mañana al mediodía.
Maya soltó un jadeo.
—¡Está loco!