Punto de vista de Sun
Al ver aquellas fotografías me quedé sin aire, el corazón dio un salto y luego pareció detenerse. Ahí estaba yo, parada en el estacionamiento, arrojándole los dos maletines a Teo Rosenberg.
Pensé en agarrar a Aidan de las manos y decirle la verdad: “Me están extorsionando, ayúdame”. Pero el pánico me hizo calcular rápido, sabía perfectamente lo que iba a pasar si confesaba. Si yo le decía a Aidan que me estaban chantajeando, su siguiente pregunta iba a ser: “¿Por qué?”.
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