96• Elegirlo a él.
Al principio no entendía nada. Era como si mi cabeza se hubiera llenado de niebla y las palabras de Richard cayeran dentro de mí con el peso de una roca, hundiéndome un poco más cada vez. Intenté seguir el hilo, ordenar cada nombre, cada revelación, pero todo se mezclaba en un mismo golpe que me dejaba sin aire.
Frank Clark.
Las cámaras.
Elliot.
Mi hermano.
Parpadeé varias veces, como si así pudiera despertarme de una pesadilla, y terminé fijando la mirada en un punto cualquiera de la pared blanca del hospital. Me quedé ahí, quieta, esperando—casi deseando—que esa blancura me ofreciera una versión menos cruel de la realidad. Pero no lo hizo. No había nada que suavizara lo que acababa de escuchar; solo la verdad, fría y afilada, mirándome de frente.
Y lo peor era que jamás había querido pensar mal de Elliot. Incluso cuando se alejaba sin explicación, incluso cuando su voz se volvía defensiva, incluso cuando sus decisiones rozaban lo absurdo o lo oscuro. Yo siempre encontraba una razón,