Cuando llegamos a casa, me sorprendió lo rápido que el auto se detuvo frente a la entrada. Ni siquiera había registrado el camino de vuelta. Mi mente había estado en otra parte, dando vueltas sobre las mismas palabras una y otra vez, como si intentara encontrarles un sentido que aún se me escapaba.
Bajé despacio, sintiendo el aire tibio chocar contra mi rostro, y solo entonces fui consciente de que todo ese tiempo había estado apretando las manos contra mi vientre sin darme cuenta.
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