La luz de la mañana se colaba por las cortinas, despertándome con un calor tenue en la cara. Parpadeé, todavía adormilada, y sentí el peso de la noche sobre mis hombros. Richard no estaba a mi lado. Un suspiro escapó de mis labios mientras giraba la cabeza hacia el lado vacío de la cama.
Me levanté lentamente, apoyando las manos sobre la sábana fresca, y me dirigí al baño. El agua caliente de la ducha fue un alivio inmediato, deshaciendo el nudo de tensión que llevaba desde ayer. Cerré los ojos