El coche avanzaba por la carretera, y yo apenas podía concentrarme en el paisaje que pasaba a toda velocidad. El sol pegaba sobre el asfalto y los árboles lanzaban sombras que se movían rápido, casi como mi mente. Todo parecía tan normal, tan cotidiano… y yo me sentía como si acabara de despertar de un mundo que todavía olía a hospital, a miedo, a incertidumbre.
No podía dejar de pensar en lo que había pasado, en lo cerca que habíamos estado de perderlo todo. Y en él. En Richard. Cómo se quedó