—No puedes dormir —murmuró él, su voz grave en la penumbra. No era una pregunta, más bien una constatación.
Tragué saliva, obligándome a respirar despacio.
—No… y parece que tú tampoco.
Lo escuché soltar una risa baja, apenas un murmullo que me erizó la piel.
—Es difícil dormir cuando alguien se mueve así a mi lado.
—¿Así cómo? —pregunté, consciente de que mi voz sonaba un poco diferente.
—Como si estuvieras buscando algo —respondió, acercándose un poco más, hasta que pude sentir el roce de su