—¿Nosotros? —repetí, apenas atreviéndome a alzar la mirada hacia él—. Richard, no creo que haya un nosotros, solo…
—Ahora somos un nosotros —me interrumpió, firme pero sereno, sin apartar sus ojos de los míos—. Te guste o no, estaremos unidos de por vida.
El aire pareció espesarse entre los dos, atrapándome en ese instante. Abrí la boca para responder, pero en ese preciso momento la mesera regresó con una sonrisa amable y dejó frente a nosotros los platos humeantes. El sonido de la vajilla cont