Narrado por Liam Donovan
El pasillo de la clínica privada de los Blackwood se sentía como una zona de guerra en la que el aire se había agotado. Estaba de pie, con la espalda pegada a la pared blanca, las manos metidas en los bolsillos para ocultar que, por primera vez en mi carrera, mis dedos no dejaban de temblar. El olor a antiséptico me revolvía el estómago, recordándome a hospitales de campaña, pero esto era peor. Esto era personal.
El sonido de unas zancadas pesadas y rápidas rompió el si