Narrado por Liam Donovan
El trayecto desde Mayfair hasta la mansión fue un descenso directo a los infiernos, y yo era el conductor del carro fúnebre de mis propias esperanzas. Mia no se detuvo ni un segundo; el aire dentro del coche estaba saturado de su rabia, del olor a alcohol y de esa desesperación química que la empujaba a escupir cada insulto que encontraba en su arsenal. Me llamó intruso, me gritó que no tenía autoridad, que mi "heroísmo" de pacotilla le daba náuseas.
Yo no abrí la boca.