Narrado por Liam Donovan
La puerta del apartamento se cerró tras nosotros con un eco definitivo. El silencio que siguió no era vacío; estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara. Mia se deshizo del birrete y la túnica con una urgencia elegante, revelando ese vestido verde esmeralda que se aferraba a sus curvas como una segunda piel de seda.
—Libre —susurró.
—Siempre lo fuiste, pecas. Solo necesitabas recordarlo —mi voz salió más ronca de lo que es