Mundo ficciónIniciar sesión*"No me escondí por vergüenza.*
*Me escondí por miedo a que me vieran amándote."* — V. R. Vance, *Aprender a llover* --- *"Cláusula primera: la autora V. R. Vance deberá presentarse en persona en la gala de firma, con el rostro visible ante la prensa."* Tragué saliva. *"Cláusula segunda: la autora completará una gira de medios de no menos de doce entrevistas, incluyendo televisión de horario estelar."* El papel temblaba un poco. No por el aire. Por mí. *"Cláusula tercera…"* Dejé de leer en la tercera. Levanté la vista del documento impreso y miré a Camila, que estaba sentada en mi sofá con cara de haberse aprendido esas líneas de memoria en el ascensor. —Dime que hay una versión de esto donde no tengo que dar la cara —pedí. —La hay —dijo Camila—. Se llama "cancelar el contrato". Viene con demanda de la editorial, demanda del estudio y una mancheta en todos los portales que dice: *V. R. Vance abandona el proyecto millonario sin dar explicaciones*. —Qué específico. —Llevo toda la mañana imaginándolo. Me froté la cara. El departamento olía a café recalentado y a encierro. Brontë nos observaba desde su pila de manuscritos con su expresión habitual de jueza jubilada. —¿Quién redactó esto? —pregunté—. ¿Salgado? —Peor. La productora ejecutiva del estudio. Renata Vidal. —Camila hizo una pausa dramática—. La mujer que canceló tres películas el año pasado sin pestañear. Dicen que desayuna autores como tú y escupe los huesos en el correo de los viernes. —Encantador. —Ella dice que el mito sin rostro ya no vende. Que el mundo quiere una cara, una historia, una lágrima en primer plano. —Camila bajó la voz—. Y dice algo más, Valeria. Que estas cláusulas son innegociables. Que no son una petición. Son el precio de existir en este trato. *El precio de existir.* Qué frase tan mía. Qué frase tan de ellas. \* \* \* El pánico no toca la puerta. Entra como si pagara renta. Empezó en el pecho, como un nudo que alguien aprieta desde adentro. Después en las manos, hormigueo. Después en los oídos, un zumbido de televisor viejo. Camila decía mi nombre desde muy lejos, como si yo estuviera al fondo de un pasillo. Me levanté de la silla sin pedir permiso y caminé hasta el baño. Cerré la puerta. Me senté en el piso, porque el piso no te pide nada. Azulejo frío contra la espalda. Respirar. Intentar respirar. *Cinco cosas que puedas ver.* La cortina blanca. El frasco de jabón. La toalla gris. *Cuatro cosas que puedas tocar.* El azulejo. La tela del pantalón. Mi propio pulso, demasiado rápido. *Tres cosas que puedas oír.* El refrigerador. Un auto lejos. Brontë arañando la puerta, ofendida de que la dejara fuera de cualquier drama. *Dos cosas que puedas oler.* Lavanda. Café viejo. *Una cosa que puedas saborear.* Sal. Lágrimas, pues. Seis años de entrenar al cuerpo para no hacerlo, y el cuerpo eligió el piso del baño para cobrar la factura. No era la gala. No eran las doce entrevistas. No eran las ocho cifras. Era la cara. La cara que pondrían. Esa microexpresión de medio segundo, ese parpadeo de *"ah, así que tú eras"*, esa mirada de quien revisa un pedido equivocado. La conocía de memoria. Me la habían puesto en la cara a los quince, a los diecisiete, a los veintidós, en la única firma de libros que hice con nombre y rostro. El mundo no es como las lectoras de la librería. El mundo es como la mujer de la blusa impecable que me dijo *qué pena, me la imaginaba más bonita*. Y en una gala, con cámaras, con luces, con Renata Vidal desayunando autores… no iba a ser una mujer. Iban a ser mil. Un millón. En vivo. Me puse de pie con las piernas dormidas. Abrí la puerta. Brontë entró primero, como quien llega tarde a una reunión importante, y se sentó sobre mis pies. —Gracias —le dije—. Muy puntual tú. En el pasillo, los tres espejos seguían de cara a la pared. Puse la mano en el borde de uno. Solo había que girarlo. Un gesto de dos segundos. Verme como me vería el mundo el día de la gala, ensayar el terror en privado. No pude. Seis años y todavía no podía. Esa era toda la verdad, la que no le decía ni a Camila: no me daba miedo el escenario. Me daba miedo el espejo. \* \* \* Camila seguía en el sofá cuando volví. Había abierto una botella de vino blanco barato y una bolsa de papas fritas. Sus dos soluciones oficiales para las crisis. —Siéntate —dijo—. Vamos a hacer la lista de opciones reales. Me senté. Ella señaló con la copa. —Opción A: firmas como tú. Con tu cara, tu cuerpo, tus curvas y tu historia. La reina del romance dando la cara, literal. —Me miró—. Y te pasas la gira entera esperando el golpe. —Siguiente. —Opción B: cancelamos. Demandas cruzadas, tu nombre en los portales como "la autora que huyó", y el estudio le vende el proyecto a otra pluma en un año. Tus lectores se quedan sin película. —Siguiente. —No hay siguiente, Valeria. Esas son las opciones. —Hay una C —dije. Camila dejó la copa en la mesa. Muy despacio. Como se dejan las cosas cuando alguien anuncia una locura. —La escuché en tu cabeza desde anoche —continuó—. No me mires así. Te conozco desde antes de que fueras famosa. ¿Cuál es la opción C? Respiré. El nudo del pecho aflojó un milímetro. —El estudio no quiere a la autora. Quiere un rostro. Una historia. Una lágrima en primer plano, dijo tu amiga Renata. —Hice una pausa—. Pues que la tenga. —Valeria… —Contrato a una cara, Camila. Una mujer que sea todo lo que el mundo ya imaginó: alta, luminosa, de las que entran y la sala se pone de pie. Ella da las entrevistas. Ella sonríe en la gala. Ella firma con un bolígrafo que le pongo en la mano. V. R. Vance por fin tiene el rostro que todos esperaban… y yo estoy ahí, al lado, tomando notas. —¿Como su asistente? —Como su asistente —confirmé—. Escondida a plena vista. Con mi propio nombre, que es el único lugar del mundo donde nadie me busca. El silencio duró lo que tarda una papa frita en enfriarse. —Es una locura —dijo Camila por fin—. Es fraude. Es un castillo de naipes. Si se descubre, es muerte profesional. Escándalo. Fin. —Y si doy la cara, es muerte personal —dije—. Yo ya fui a ese funeral, Cami. Me sé el camino de memoria. —La miré—. La diferencia es que en la opción C, el golpe no me lo dan por quien soy. Me lo dan por quien inventé. Y a esa mujer… a esa mujer sí sé enterrarla. Camila me estudió un rato largo. Con esa mirada de agente que calcula riesgos y esa otra, más vieja, de amiga que sabe que no va a poder detenerme. —¿Y quién? —preguntó al fin—. Necesitas a alguien que aguante cámaras, mentiras y una gira entera sin romperse. ¿Una actriz? —No. Una actriz actúa, y actuar se nota. —Abrí el portátil y giré la pantalla hacia ella—. Yo necesito un rostro que el mundo ya crea. En la pantalla, el anuncio de perfume que había visto anoche. La mujer de espalda recta y rostro dibujado sin un solo "no". Camila leyó el nombre en voz baja, como en un funeral: —Bianca Leal. —Veintiocho años. El rostro de *Vértice* hasta que la marca "renovó su imagen", que en idioma de perfumes significa "la cambiamos por alguien más joven". —Deslicé la pantalla—. Los portales dicen que está en quiebra, que su agencia la tiene congelada y que necesita un milagro o un escándalo. —O sea que no tiene nada que perder. —Y yo tengo todo lo que hay que esconder. —Cerré el portátil—. Somos perfectas la una para la otra. Camila miró la botella de vino, consideró servirse otra copa, y decidió que no hacía falta: la locura ya estaba servida. —Esto es insane. —Lo sé. —Si sale mal, nos comen vivas. —Lo sé. —…Mañana agendo las entrevistas. \* \* \* Se fue a las dos de la mañana, con las papas fritas extintas y el plan en marcha. Me quedé frente a la pantalla apagada, donde un segundo antes estaba el rostro de Bianca Leal. El rostro que en dos semanas el mundo entero llamaría con mi seudónimo. El rostro que recibiría los abrazos, las flores, los *"gracias por enseñarme que merezco ser amada despacio"*. Mañana empezaría a buscarle una cara a V. R. Vance. Lo difícil no era encontrarla. Lo difícil iba a ser convencerme de que no dolería. \* \* \* **NOTA DE LA AUTORA:** El pánico no toca la puerta… pero Valeria tampoco piensa abrirle. Ella tiene un plan. 💀 Arranca la operación "rostro prestado". ¿Creen que Bianca aceptará el trato? ¿Creen que Valeria aguanta ver a otra mujer recibir SU amor? **Vota** y déjame tu teoría en los comentarios: los leo todos entre capítulo y capítulo. — Iriangel ✍️






