*"Me llamaban por el nombre artístico cuando me amaban.**Por el verdadero, cuando me cobraban."*— V. R. Vance, *Aprender a llover*---El contrato tenía catorce páginas.La mentira, una sola frase: *Bianca Leal es V. R. Vance.*Nos reunimos en la oficina de Camila a las nueve de la noche, con comida china que nadie tocó y un documento redactado por un abogado que, según juró Camila, "no hace preguntas, hace cláusulas".Éramos tres alrededor de la mesa. La autora. La agente. La modelo.Las tres arquitectas del mismo edificio imposible.Camila leyó el resumen con su voz de tribunal:—Duración: seis meses, prorrogables. Compensación: doscientos cincuenta mil dólares. Confidencialidad absoluta: prensa, redes, amigos, familia. Penalización por filtración: el triple de lo recibido, más daños. —Levantó la vista—. ¿Preguntas?Bianca no preguntó. Bianca corrigió.—Trescientos —dijo, sin parpadear—. Y una cláusula nueva, no monetaria: al terminar, V. R. Vance me recomienda por escrito para un
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