El sol apenas comenzaba a asomar por la ventana de la cocina, bañando la mesa con una luz suave y cálida. Me encontraba sentada frente a un plato de desayuno, los pequeños rayos de luz iluminando los bordes de la porcelana mientras tomaba un sorbo de café, intentando comenzar el día con calma. El aroma a pan recién horneado se mezclaba con el café, creando una sensación de tranquilidad, pero algo en el aire me decía que esta paz no duraría mucho.
La guerra con Viktor seguía en pie desde hace dos