Con su ayuda y de mi otra sirvienta, caminamos por los pasillos a paso apresurado, me he tenido que poner un calzado cómodo para poder correr por los largos corredores, la modista trae agarrados mis zapatos que debo usar. Apenas llegamos a la entrada de la sala de fiestas, ella me ayuda a cambiarme los zapatos para después desearme suerte y meterme a leves empujes a la sala.
Una vez más, me siento mareada al ver a tantas personas y otra vez, me miran con mucha atención... me siento extraña y ra