Asiente con la cabeza con dificultad, dejando las cosas claras, la suelto y cae al suelo, jadeando con angustia, me mira desde su posición con odio, está enojada por no haberla elegido a ella y eso lo sé porque me lo dijo cuándo se enteró de que Ginebra era mi otra mitad. Le he dado las buenas noches y volví a la habitación, acostándome otra vez a lado de mi mujer.
Durante los días posteriores, Ginebra ha estado más ocupada que antes, ya que tiene que prepararse para la fiesta de compromiso y e