Siento cómo mis garras se clavan en las palmas de mis manos con una fuerza que parece ir en aumento, y el dolor agudo se mezcla con la sensación de mi propia sangre brotando lentamente. La presión es tan intensa que tengo que apoyarme en el suelo, estirando mi cuerpo en un intento desesperado por aliviar el tormento que me consume. Mis huesos siguen crujiendo y reacomodándose, como si mi cuerpo mismo estuviera siendo reescrito y rehecho de acuerdo a algún plan desconocido.
La sorpresa y la conf