~Alana~
Con cuidado, metí la mano debajo de la almohada, apretando la daga con fuerza y con una voluntad renovada, me lancé sobre él.
Justo antes de que pudiera traspasar su maldito cuello, se apartó rápido, logrando tomar mi mano para detenerme.
Le di un fuerte rodillazo en su estómago, escuchándolo gruñir, pero era él o yo, y definitivamente yo no estaba dispuesta a ceder.
—¡YA BASTA, ALANA!— su voz vibró a través de mí, imponiéndome su dominio, lo que me hizo caer de rodillas, jadeando,