—Está bien, está bien, todo es culpa mía. Pero no te pongas tan nerviosa.
¿Cómo no iba a estar nerviosa?
Lorena estaba a punto de llegar a su casa. ¿Cómo iba a explicarle que no regresó en toda la noche y que además durmió con un hombre?
Se vistió rápidamente y salió corriendo. Ricardo manejaba a máxima velocidad.
Al llegar a la calle del edificio donde vivía Marina, ella ni siquiera tuvo tiempo de despedirse. Abrió la puerta y corrió hacia la entrada.
Ricardo la vio alejarse hasta que su figura