Se levantó y sacó el viejo teléfono del cajón de hierro. Adentro, tal como esperaba, había un mensaje de respuesta de esa persona.
—El trabajo ya está hecho.
Teresa no pudo aguantarse y empezó a reírse como una loca por toda la habitación.
—¡Ja, ja, ja! ¡Ahora solo soy yo! ¡Ya nadie puede volver a reemplazarme!
La empleada que andaba afuera, al escuchar esa risa escalofriante, se estremeció toda.
—¿Qué estará haciendo la señora Teresa? ¿Estará viendo una película de terror a estas horas?
Después