Capítulo 455
Se levantó y sacó el viejo teléfono del cajón de hierro. Adentro, tal como esperaba, había un mensaje de respuesta de esa persona.

—El trabajo ya está hecho.

Teresa no pudo aguantarse y empezó a reírse como una loca por toda la habitación.

—¡Ja, ja, ja! ¡Ahora solo soy yo! ¡Ya nadie puede volver a reemplazarme!

La empleada que andaba afuera, al escuchar esa risa escalofriante, se estremeció toda.

—¿Qué estará haciendo la señora Teresa? ¿Estará viendo una película de terror a estas horas?

Después
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