—Perla, ¿ya terminaste tu exposición? Lo lamento, mi última reunión se alargó. ¡Estoy yendo al centro de arte ahora mismo! ¡Espérame, voy a buscarte! —la voz de César sonaba desesperada, no quería que ella se fuera sin esperarlo.
Perla notó el semáforo en rojo frente a ella y detuvo el carro.
—No hace falta que vengas. Si no vienes a buscarme, me haces un grandísimo favor —contestó.
Dicho esto, se preparó para colgar.
César, notando su intención, respondió de inmediato:
—¡No cuelgues, por favor!