—Ya está corregido, revísalo —dijo Lorena, tratando de ser profesional.
El sonido de un teléfono interrumpió el momento; era una llamada de Adrián.
Lorena dejó la computadora a un lado y se alejó, dándole la espalda a César mientras contestaba.
—Sí, está bien, lo sé. No me repitas lo mismo, ve a dormir. Buenas noches.
Durante toda la llamada, César no apartó la mirada de Lorena, observándola intensamente hasta que colgó.
—¿Era Adrián?
Lorena lo miró con incredulidad. ¿No era acaso obvio?
—¿Qué o