¡Qué asco!
¡Esa forma de ser tan hipócrita realmente me recuerda a Teresa!
Marina pensaba, con tanta rabia que casi podían verse chispas en sus ojos.
De reojo, miró a Ricardo para ver cómo reaccionaba. ¡Sí se atrevía a creer en las mentiras de esos miserables como César, también podía irse a la mierda, igual que él!
Ricardo tomó firmemente la mano de Marina y la acercó más a su lado, protegiéndola.
—Natalia, tú que eres tan chismosa, ¿eso fue lo que enseñan en la casa de los Piccolo? —Con voz co