Álvaro suplicó:
—¡Está bien, está bien, no me pegues más! Soy un hombre, no voy a rebajarme a tu nivel.
El cojín cayó justo de su frente y terminó sobre su pecho. Lo abrazó y caminó hacia el sofá para sentarse. Miró a Marina de arriba a abajo y dijo:
—Sí que te has arreglado bastante, ¿a quién vas a ver?
De repente, le vino una idea y su mirada cambió.
—No me digas que ya tienes novio, ¿no? ¿En tan pocos días desde que llegaste a Puerto Mar ya conociste a un chico guapo?
Aunque William nunca lo