—Yo… no fue a propósito —dijo César con cautela.
Justo en ese momento, un auto pasó a toda velocidad por la calle. Anoche había llovido, y aún quedaban charcos en los bordes de la carretera. El vehículo pasó sobre ellos y salpicó agua y barro en la espalda de César.
La camisa blanca de César, ahora llena de manchas y agua, se veía horrible.
A César no le importaba, lo que realmente le preocupaba era Perla.
La puerta trasera del lugar se abrió y los otros artistas salieron charlando animadamente.