Capítulo 340
—Yo… no fue a propósito —dijo César con cautela.

Justo en ese momento, un auto pasó a toda velocidad por la calle. Anoche había llovido, y aún quedaban charcos en los bordes de la carretera. El vehículo pasó sobre ellos y salpicó agua y barro en la espalda de César.

La camisa blanca de César, ahora llena de manchas y agua, se veía horrible.

A César no le importaba, lo que realmente le preocupaba era Perla.

La puerta trasera del lugar se abrió y los otros artistas salieron charlando animadamente.
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