Marina movió la cabeza en la cama, todavía atrapada en su sueño.
—No, no es eso…
—¿No? Entonces, ¿por qué me dejaste? ¿Fueron cinco años! ¿Acaso me lo merecía? —Ricardo se quejaba en su sueño.
Marina miró fijamente los labios de Ricardo, que se movían mientras hablaba.
Sus labios rojos y brillantes parecían irresistibles, pero su voz era tan molesta que le arruinaba el momento.
Qué fastidio, estaba irritada, solo quería que se callara.
Y eso hizo.
Con ambas manos, tomó la cara de Ri