—¿Pero qué te ocurrió en el cuello? ¿Quién te mordió? —Teresa preguntó temblorosa.
César no podía responderle.
Con el rostro serio y sin decir nada, desvió la mirada hacia Ricardo, buscando ayuda, esperando que él interviniera para sacarlo del apuro.
Ricardo, que hasta ese momento disfrutaba de la situación, recibió la mirada de César y arqueó una ceja.
¿En serio? Pensó para sí mismo.
¿De verdad habías dejado sola a tu primer amor, Teresa, ¿para irte por ahí con otra mujer? ¿Y encima dejas que t