Teresa escuchó esas palabras, y su cara cambió un poco de color. Pero al instante, volvió a sonreír.
—Mi tía acaba de traerme el almuerzo, pero no puedo comer tanto. Como ya es hora de comer, César, ¿por qué no te quedas y comes conmigo?
César bajó la vista y, después de pensar unos segundos que parecieron una eternidad , dijo:
—No me quedaré a comer. Solo quería saber si estabas bien, debo volver a la empresa. Tengo una reunión más tarde.
La relación entre ellos en este momento no era convenien