—Me duele mucho...
Con una mano en el abdomen y la otra marcando rápidamente el número de Marina, Lorena trató de mantener la calma.
No quiso alarmar a nadie, ni siquiera se lo contó a Doña Marta.
Desde que supo de su embarazo, tanto si había decidido abortar como si pensaba quedarse con los bebés, nunca tuvo la intención de decirle a César.
El dolor repentino le asustó.
Temía que, como Teresa, tuviera un aborto espontáneo de la nada.
Aunque al principio no había planeado quedarse con los bebés