César, con su alta y esbelta figura, estaba de pie en la arena suave de la playa. Su postura relajada reflejaba despreocupación y relajación, y su expresión no mostraba interés alguno.
Desde un ángulo en el que don Piccolo no podía verlo, César observó a Lorena con una mirada que contenía un leve toque de picardía.
No dijo nada que revelara la verdadera habilidad de Lorena con la pintura. Durante todo el tiempo que había pasado en la hacienda, nunca la había visto pintar.
Tampoco quería arruinar