Lorena, después de terminar su desayuno, sintió sed. Buscó agua por la sala de descanso y la oficina, pero no encontró nada. No tuvo más remedio que ir al área de café por una botella de agua.
Después de dar un par de sorbos, mientras regresaba, escuchó a alguien hablando mal de ella junto con Guillermo. Por la voz, parecía ser la secretaria que había estado con Guillermo la noche anterior, Estela.
—No se dejen engañar por esa mujer que el presidente trae todos los días. Anoche, en la cena, se a