Capítulo 40.

La llamada de esa mañana hizo que el humor de Caleb, de por sí áspero, empeorara. Sus socios gringos estaban impacientes. Cada minuto que pasaba era dinero perdido. Y no era poco lo que ya habían invertido: maquinaria pesada, estudios de suelo, contratos simulados.

Ese pueblo olvidado en los mapas era, en realidad, una mina de oro. Pero una mina inútil si no podían ponerle las manos encima y explotarla a su antojo. Lo más difícil no era encontrar petróleo bajo tierra… lo difícil era sacar a los
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