Selene caminaba descalza por el pasillo de madera, arrastrando una manta vieja sobre los hombros, con el café frío en la mano y la cabeza repleta de voces que ya no eran suyas. Esa mañana, necesitaba orden en su mente. Por eso entró al cuarto que había pertenecido a su madre, ese que siempre evitaba y que tras us muerte nadie mas toco. Aún tenía las cortinas bordadas por ella, los retratos sin polvo y un par de candelabros que resistían el paso del tiempo. Era como entrar a otro universo, uno d