El viento soplaba con fuerza aquella tarde. Las nubes densas y pesadas comenzaban a cubrir el cielo, como si el campo mismo presintiera que algo estaba por estallar. Selene acababa de salir del granero cuando las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, una a una, casi tímidas. Llevaba una camisa remangada, vieja y cómoda, y las botas cubiertas de tierra. Había estado ayudando a asegurar algunos costales de alimento para los caballos antes de que la tormenta anunciada llegara con toda su furi