—¿Cómo sabías que necesitábamos ayuda? —pregunto mientras caminamos.
—Tenía a alguien que los vigilaba —dice. Evanora, esa vieja astuta. No sabía que podía enviar mensajes a mi padre. Vamos a tener que hablar de sus problemas de comunicación.
—Gracias por venir, pero ¿por qué ahora y no antes? —pregunto con insistencia y él se ríe.
—Te pareces mucho a tu madre. Tan directa. Y también tienes su aspecto, gracias a Dios —comenta. Levanto una ceja para hacerle saber que sigo esperando una re