—¡Joseph! Espera, por favor, no te precipites —grita Lydia tras él.
Cuando se van, nos quedamos todos en un tenso silencio, sin que ninguno sepa qué decir.
—Gracias por defenderme —digo a mi padre.
—De nada —responde con calidez.
—Ahora vas a tener una situación bastante complicada en tus manos —comenta Rick. Mi padre suspira y niega con la cabeza.
—Hace tiempo que sé que Joseph es una manzana podrida, pero me importa mucho Lydia. He tratado de orientarle en la dirección correcta,