Descontrolado.
Arthur Orlov.
El sonido de las llantas contra el asfalto es tan fuerte que me eriza la nuca.
—Arthur, por favor, lo siento… —dice Becky.
La fulmino con la mirada, y la alejo de forma disimulada.
—Vete de aquí ahora —ordeno, firme.
La rubia está a punto de hacer un puchero, pero como sabe que no me convencerá, se rinde, y se va.
Al verla partir su cliente de esta noche me reclama, por lo que invento una excusa sobre ella.
Una vez que las aguas se calman y todos los invitados están por comenzar c