Córrete para mí.
Gia.
Mi cuerpo comienza a temblar por lo que causan sus palabras, el pudor, el recuerdo de la sonrisa de Lev, su forma de tratarme como una hija, la forma horrible en que murió, la impotencia de estar obligada, la vergüenza, pero sobretodo, la ansiedad por mi excitación.
Todavía no le he respondido al Arthur cuando su mano izquierda me sostiene con fuerza las manos, y la derecha va a mi cuello por debajo de la tira de mi cámara. Baja por mi hombro, mi cintura, erizándome con cada caricia. Luego,