El aire en la mansión Rossi estaba denso, impregnado de una calma tensa que Francesco no podía ignorar. Los sonidos de la reunión resonaban suavemente en el fondo, pero su mente estaba completamente absorta en los pensamientos que lo asediaban. Cada palabra que se pronunciaba, cada discusión sobre los detalles de la zona que pertenecía a cada familia, pasaba como un murmullo lejano, casi irrelevante.
Francesco se quedó de pie junto a la ventana, mirando hacia el jardín, aunque su vista no capta