Después de la llegada, cada miembro de la familia se retiró a sus habitaciones, buscando refugio en la calma efímera. Isabella se quitó los zapatos y caminó descalza sobre la alfombra de terciopelo, dejando escapar un suspiro largo. El contacto del tejido suave contra sus pies cansados era un alivio inesperado. Francesco salió del baño con una toalla colgando de la cintura y el cabello húmedo cayéndole sobre la frente, dejando una estela de vapor cálido a su paso.
—Pensé que te habías dormido —